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La Olivetti bajo sospecha

A finales de 2025 sometí aquel texto a dos detectores de inteligencia artificial.

by Ahora Noticias
octubre 29, 2026
in Opinión
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En febrero de 1998 escribí “Elegir con criterio” para Doxa, la sección de opinión de Koinonía, un periódico católico. Abordaba el escenario político de aquellos meses y de la obligación de mirar bien antes de votar. Lo tecleé en una Olivetti de cinta cansada. Los celulares no eran tan populares como en nuestros días y la inteligencia artificial pertenecía a la ciencia ficción.

A finales de 2025 sometí aquel texto a dos detectores de inteligencia artificial. Ambos dictaminaron que entre el 65 y el 70 por ciento había sido escrito por una máquina. Me llevé una sorpresa mayúscula, porque la única máquina que intervino en aquel artículo tenía teclas de metal y hacía un ruido poco soportable.

Ante el resultado de aquella prueba yo pude reírme, pero a David Silva Rojas, abogado y narrador peruano, le tocó sudar. Su novela “Donde el agua trabaja” fue elegida en julio de este año para el Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat, dotado con más de 20 mil euros.

Después de una investigación publicada por el diario El País, circuló que un detector atribuía a la inteligencia artificial el 99 por ciento del texto, por lo que el escándalo literario no tardó en estallar.

Esta semana, Silva Rojas respondió mediante un comunicado en el que explica que todo empezó con una investigación sobre la vida de quienes llegan a trabajar en el campo en la región peruana de Ica. Mientras transcribía las entrevistas, empezó a escribir fragmentos en primera persona para recoger las sensaciones que aquellos testimonios le habían dejado. La novela no estaba en sus planes y la decisión de convertir esos materiales en una obra literaria llegó más tarde. Ahora ofrece sus textos para que Almadía los examine.

No me atrevo a asegurar que dice toda la verdad, aunque estoy seguro de que tampoco puede saberlo un programa de inteligencia artificial.

Los doctores Herlinda Ortiz, Arnulfo López y Gladys Medina, junto con la licenciada Karol López, revisaron 83 estudios publicados entre 2024 y 2025 y titularon su artículo de investigación “El polígrafo que miente: por qué los detectores de IA no salvarán a la ciencia”.

Entre los trabajos examinados citan un estudio publicado en Scientific Reports que puso a prueba dos detectores populares con respuestas de ChatGPT y textos de estudiantes reales de 32 cursos universitarios. GPTZero clasificó como humanos el 32 por ciento de los textos artificiales; el clasificador de OpenAI, el 49 por ciento. Casi uno de cada dos.

Cuando los investigadores parafrasearon esos mismos textos con otra herramienta, los detectores fallaron en más del 95 por ciento de los casos. OpenAI retiró el suyo en 2023 y reconoció su baja precisión. Los autores hablan de una moneda al aire con interfaz elegante, y me cuesta mejorar la imagen.

Otro tema al que se refieren es el asunto del idioma. Un estudio de Stanford publicado en 2023 encontró más falsos positivos entre quienes escribían en inglés como segunda lengua. Una posible explicación era que sus frases, más regulares, podían confundirse con patrones atribuidos a la escritura automática. Un trabajo posterior, basado en más exámenes reales, obtuvo resultados opuestos. Las herramientas ya intervienen en decisiones que afectan carreras académicas, aunque sus propios resultados dejan dudas sobre a quién perjudican y por qué.

¿A quién creerle entonces? Mi respuesta es antigua y poco tecnológica. Ya lo había expresado antes en este mismo espacio: una herramienta no firma ni asume consecuencias; por eso las organizaciones de ética editorial admiten la IA como instrumento y rechazan que figure como autora. Declarar su uso con la misma naturalidad con que se informa sobre un financiamiento es la única prueba que un escritor puede ofrecer.

Yo la ofrezco ahora. Para consultar información y datos de este artículo me ayudé de una inteligencia artificial; las opiniones, la redacción y la firma son mías. Si algún programa opina distinto, le daré el mismo crédito que a los dos detectores que sospecharon de mi Olivetti.

Por: Mario Cerino Madrigal

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