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Home Grace la roca polivalente

¡Democracia ya! El legado del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas

Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano reunió a distintas izquierdas, encabezó la defensa del voto y abrió espacios para que la ciudadanía decidiera quién debía gobernarla

by Ahora Noticias
octubre 30, 2026
in Grace la roca polivalente, Nacional, Opinión, Política
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Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano reunió a distintas izquierdas, encabezó la defensa del voto y abrió espacios para que la ciudadanía decidiera quién debía gobernarla. Su vida enlazó la formación humanista de sus padres, el trabajo profesional y una perseverancia que contribuyó a transformar la política mexicana.

Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano pasó sus primeros años en Los Pinos porque su padre, el general Lázaro Cárdenas del Río, fue presidente de México entre 1934 y 1940. Décadas después encabezaría un movimiento para que el poder público dependiera de elecciones libres, con competencia real y respeto a la voluntad ciudadana.

Entre aquella infancia y las plazas que llenó hubo estudios, trabajo, familia y decisiones que exigieron carácter. Su lugar en la historia se construyó al reunir a quienes buscaban cambiar el país y dar continuidad a esa esperanza, incluso frente al agravio.

Nació el 1 de mayo de 1934, meses antes de que su padre asumiera la Presidencia. Durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas del Río se profundizó el reparto de tierras entre campesinos, se nacionalizaron los ferrocarriles y se decretó la expropiación petrolera de 1938, mediante la cual los bienes de las compañías petroleras extranjeras pasaron a formar parte del patrimonio nacional.

Su padre también impulsó la educación pública y ofreció refugio a españoles que huían de la guerra y la persecución. Aquel proyecto vinculaba la soberanía con necesidades concretas: tierra para trabajar, escuelas y capacidad económica para mejorar la vida de la población.

Cuauhtémoc era un niño cuando ocurrieron esas transformaciones. Su comprensión se formaría después, cerca de sus protagonistas y de las discusiones que acompañaron sus consecuencias. Tuvo una educación excepcional en el centro de la vida pública y desarrolló, con los años, sus propias responsabilidades.

Su madre, Amalia Solórzano Bravo, merece un reconocimiento igualmente profundo. Participó en la recepción de los niños españoles refugiados y en las colectas populares para respaldar el pago de la indemnización a las empresas petroleras expropiadas. Su compromiso continuó después del periodo presidencial de su esposo: acompañó las demandas estudiantiles de 1968 y trabajó con comunidades indígenas, particularmente en la Mixteca.

Amalia sostuvo convicciones y tareas propias. En esa familia, la solidaridad también se practicaba dentro de casa. Los Pinos recibió a niños y jóvenes de distintas regiones para que pudieran estudiar en la capital. Cuauhtémoc compartió con ellos una parte de su infancia.

Su preparación académica pasó por el Colegio de San Nicolás de la Universidad Michoacana, donde cursó el bachillerato, y por la Universidad Nacional Autónoma de México, donde estudió Ingeniería Civil. Una beca del gobierno francés le permitió trabajar en su tesis y ampliar su experiencia en Europa.

El título de ingeniero correspondía a una profesión ejercida. Participó en los estudios de la cuenca del río Balsas, dirigió el área de Estudios de su comisión y fue ingeniero residente en la construcción de la presa La Villita, también llamada José María Morelos. Ahí trabajó con Heberto Castillo, ingeniero y dirigente de izquierda con quien compartiría una larga amistad. Posteriormente ocupó la subdirección general de la siderúrgica Lázaro Cárdenas-Las Truchas, dedicada a producir acero.

Antes de encabezar campañas había trabajado en proyectos de agua, energía e infraestructura. Conoció la importancia de planear el desarrollo regional y de contar con instituciones capaces de llevarlo a la práctica. Esa experiencia acompañó su defensa de un Estado con responsabilidades económicas y sociales.

Con Celeste Batel contrajo matrimonio el 2 de abril de 1963. Tuvieron tres hijos: Lázaro, Cuauhtémoc y Camila. Compartieron décadas de trabajo, campañas y responsabilidades públicas, hasta el fallecimiento de ella en 2021.

La cercanía con Heberto Castillo se extendió a las familias. Durante el encarcelamiento de Heberto Castillo, participante del movimiento estudiantil de 1968, Cuauhtémoc y Celeste acogieron a sus hijos. Ofrecer protección y tranquilidad cuando otra familia atravesaba la represión revela una calidad humana que los cargos por sí solos no describen.

Su carrera política comenzó en el Partido Revolucionario Institucional, el PRI. Fue senador, subsecretario Forestal y gobernador de Michoacán entre 1980 y 1986.

En aquel México, el PRI dominaba la Presidencia, el Congreso y los gobiernos estatales. El presidente saliente determinaba quién sería el candidato de su partido para sucederlo. Aunque había elecciones y participaban otras fuerzas, la oposición competía en condiciones profundamente desiguales y las autoridades electorales carecían de independencia frente al gobierno.

Cárdenas conocía esa estructura desde dentro cuando decidió cuestionarla.

Junto con Ifigenia Martínez, economista y defensora de una política orientada al bienestar social, y Porfirio Muñoz Ledo, político con amplia experiencia gubernamental y diplomática, impulsó la Corriente Democrática del PRI. Reclamaban participación en las decisiones internas y cuestionaban el alejamiento de los compromisos sociales del partido.

La ruptura desembocó en su candidatura presidencial de 1988, respaldada por el Frente Democrático Nacional, una coalición de partidos y organizaciones opositoras.

Heberto Castillo declinó su propia candidatura, postulada por el Partido Mexicano Socialista, para apoyarlo. Aquella decisión ayudó a reunir a la izquierda socialista con el nacionalismo revolucionario que abandonaba el PRI. La unidad requirió acuerdos entre personas con diferencias, historias de lucha y bases sociales propias.

El movimiento creció también desde los estados. En Michoacán, Cristóbal Arias y Roberto Robles Garnica participaron en la construcción de la oposición. En Tabasco, Andrés Manuel López Obrador encontró en el cardenismo un espacio para encabezar la lucha contra el predominio priista y competir por la gubernatura en 1988.

Confluyeron comunidades indígenas, agrupaciones campesinas, trabajadores y organizaciones urbanas. En las regiones purépechas de Michoacán, el recuerdo del gobierno de su padre, el general Lázaro Cárdenas del Río, se encontró con demandas de otra generación.

Cuauhtémoc dio un punto de encuentro a inconformidades que habían permanecido dispersas. Los recorridos, las asambleas y la defensa de las urnas transformaron el entusiasmo en participación organizada. Millones comenzaron a reconocerse como una fuerza con posibilidades de gobernar.

La elección del 6 de julio de 1988 dejó una herida que sigue abierta.

Manuel Bartlett era secretario de Gobernación y presidente de la Comisión Federal Electoral, el organismo encargado de conducir los comicios. Durante aquella jornada se interrumpió la información sobre el cómputo de los votos, en el episodio conocido como la “caída del sistema”. El resultado oficial declaró vencedor a Carlos Salinas de Gortari, candidato del PRI, mientras Cárdenas y otras fuerzas denunciaron fraude.

Bartlett quedó señalado por su responsabilidad política al frente de la autoridad electoral. La opacidad del proceso impidió que sus resultados fueran aceptados con confianza por una parte importante de la sociedad.

Salinas profundizó después las privatizaciones, vendió Telmex y devolvió los bancos a propietarios privados. La transferencia de empresas públicas modificó la distribución del poder económico y abrió cuestionamientos sobre las condiciones de las ventas y sus beneficiarios.

La crisis y la devaluación de diciembre de 1994 estallaron al comenzar el gobierno de Ernesto Zedillo, sobre desequilibrios acumulados durante el sexenio anterior. Familias endeudadas, trabajadores y empresas enfrentaron pérdidas cuyas consecuencias se prolongaron durante años.

Con diferencias entre administraciones, la ampliación de la participación privada continuó hasta las reformas de Enrique Peña Nieto, incluida la apertura del sector energético. Cárdenas mantuvo la defensa del petróleo como patrimonio estratégico y de la responsabilidad pública sobre los recursos nacionales.

Su respuesta al agravio electoral fue perseverar en la lucha pacífica y construir una organización duradera. En 1989 participó en la fundación del Partido de la Revolución Democrática, el PRD, y fue su primer presidente. Reunir corrientes distintas y mantenerlas alrededor de objetivos comunes fue una tarea fundamental para dar continuidad al movimiento.

Ese esfuerzo ocurrió entre persecuciones y asesinatos de militantes. La democratización mexicana tuvo costos humanos que también pertenecen a esta memoria.

Cárdenas volvió a encabezar candidaturas presidenciales en 1994 y 2000. Entre ambas contiendas consiguió una conquista decisiva: en 1997 se convirtió en el primer jefe de Gobierno del Distrito Federal, hoy Ciudad de México, elegido directamente por sus habitantes. Hasta entonces, el presidente de la República nombraba al gobernante de la capital.

La ciudadanía adquirió una decisión antes reservada al Ejecutivo federal. Su triunfo abrió una etapa de gobiernos de izquierda y convirtió años de exigencias democráticas en una responsabilidad ante los electores.

Ahí está una parte concreta de su legado: ayudar a construir una oposición nacional, defender el sufragio y encabezar el paso hacia un gobierno capitalino elegido por la población.

Después continuó participando desde la Fundación para la Democracia y otros espacios de discusión. Conservó una voz propia en la defensa de la soberanía, la igualdad y las libertades, incluso cuando ya no buscaba candidaturas.

López Obrador recorrió parte de los caminos abiertos por aquella generación. Desarrolló un liderazgo y una base social propios, pero su ascenso también pertenece a esa historia compartida. Entre ambos hubo diferencias y acercamientos; el respaldo público de Cárdenas a su candidatura en 2012 muestra que su relación fue más compleja que una separación definitiva.

Precisamente por ese origen común merece examinarse la decisión de AMLO de nombrar a Bartlett director de la Comisión Federal de Electricidad. Un gobierno que reivindicó al general Lázaro Cárdenas del Río puso una empresa estratégica bajo la dirección de quien había quedado asociado con el agravio electoral contra su hijo.

¿Qué explicación recibieron quienes defendieron los votos de 1988? ¿Por qué esa incorporación resultó aceptable para un movimiento nacido de la exigencia de elecciones limpias? ¿Puede una alianza posterior dar por resueltas las responsabilidades políticas del pasado?

La memoria de aquella lucha merece respuestas. También exige que quienes se consideran sus herederos acepten ser examinados a partir de sus propias decisiones.

Entre las virtudes de Cuauhtémoc estuvo la autocontención. Conducir la indignación implicaba cuidar la integridad de sus seguidores y asumir las consecuencias de cada paso. Sostener la vía pacífica frente al agravio requirió firmeza, prudencia y responsabilidad.

Su formación técnica, la solidaridad practicada en familia y la perseverancia política dieron contenido a una vida que contribuyó a ampliar las libertades mexicanas. Recibió de su padre, el general Lázaro Cárdenas del Río, y de su madre, Amalia Solórzano Bravo, una herencia extraordinaria. La convirtió en trabajo y compromisos propios.

“¡Democracia ya!” conserva su fuerza porque recuerda una obligación permanente: respetar el voto, rendir cuentas y garantizar que la ciudadanía pueda decidir con libertad.

Ese es el legado del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas: haber ayudado a que millones de mexicanos se reconocieran con el derecho y la capacidad de cambiar su país.

 

COLUMNA POR: GRACIELA BRAVATA 

Tags: Amalia Solórzano BravoCuauhtémoc Cárdenas SolórzanoLázaro Cárdenas del Río
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