Aunque hoy es habitual encontrar nombres masculinos y femeninos en las listas de huracanes, no siempre fue así. Hasta finales de la década de 1970, los sistemas tropicales recibían principalmente nombres de mujer.
La costumbre se remonta a finales del siglo XIX y suele atribuirse al meteorólogo australiano Clement Wragge, quien comenzó a identificar tormentas con nombres femeninos. Posteriormente, durante la Segunda Guerra Mundial, meteorólogos estadounidenses adoptaron la práctica para facilitar la identificación de los sistemas en el Pacífico.
En 1953, Estados Unidos formalizó el uso exclusivo de nombres femeninos para los huracanes del Atlántico.
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La presión para cambiar la tradición
Durante las décadas de 1960 y 1970 surgieron críticas desde el movimiento feminista, que consideraba sexista asociar exclusivamente nombres de mujeres con fenómenos destructivos.
Una de las principales impulsoras del cambio fue la meteoróloga y activista Roxcy Bolton, quien cuestionó públicamente la práctica y presionó a las autoridades meteorológicas para modificarla.
El proceso comenzó en 1978 y quedó establecido en 1979, cuando las listas empezaron a alternar nombres masculinos y femeninos.
Bob fue el primer huracán del Atlántico con un nombre masculino dentro de este nuevo sistema.
Desde entonces, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) mantiene listas alternadas para identificar ciclones tropicales. Estas listas suelen repetirse cada seis años, aunque los nombres de tormentas especialmente devastadoras pueden retirarse de manera permanente.
(WCLS)
