La cuenta regresiva para la Copa Mundial de la FIFA 2026 ya comenzó. Por primera vez en la historia, México será sede de tres Copas del Mundo y recibirá nuevamente la atención de millones de visitantes, inversionistas y medios de comunicación de todo el mundo. Más allá de la dimensión deportiva, el evento representa una oportunidad estratégica para acelerar la modernización de sectores clave de la economía mexicana, entre ellos el sistema financiero.
La experiencia internacional demuestra que los grandes eventos deportivos suelen convertirse en impulsores de la digitalización. La necesidad de realizar pagos rápidos, seguros y eficientes para transporte, hospedaje, alimentos, entretenimiento y comercio genera incentivos para ampliar la aceptación de medios de pago electrónicos y mejorar la infraestructura financiera.
México llega a este momento con avances importantes, pero también con retos relevantes. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024, más de tres cuartas partes de los adultos cuentan con al menos un producto financiero formal. Sin embargo, el efectivo continúa siendo el medio de pago predominante para millones de personas. El 85% de la población utiliza efectivo con mayor frecuencia en compras menores a 500 pesos y, aun en montos superiores, el 73% sigue prefiriéndolo. Esto refleja que la inclusión financiera no consiste únicamente en abrir cuentas, sino en lograr que las personas utilicen de manera cotidiana los servicios financieros disponibles.
El Mundial puede convertirse en un acelerador natural de este proceso. La llegada de visitantes nacionales y extranjeros generará una demanda creciente de pagos digitales interoperables, soluciones de cobro accesibles para pequeños comercios y servicios financieros capaces de operar de manera eficiente en entornos de alta afluencia. Para miles de negocios, especialmente pequeñas y medianas empresas, el evento puede representar una oportunidad para incorporarse de forma más activa a la economía digital.
Al mismo tiempo, el incremento en las transacciones también traerá nuevos desafíos. Los riesgos asociados al fraude digital, la suplantación de identidad y otras modalidades de delincuencia financiera suelen aumentar durante eventos masivos. Por ello, la expansión de los pagos digitales debe ir acompañada de mayores esfuerzos en materia de educación financiera, ciberseguridad, protección al consumidor e integridad financiera.
El verdadero legado financiero del Mundial no se medirá únicamente por el número de transacciones realizadas durante el torneo. Se medirá por la capacidad de aprovechar esta coyuntura para construir un ecosistema financiero más moderno, seguro e incluyente. Cuando un pequeño comercio adopta herramientas digitales, cuando un consumidor aprende a utilizar medios de pago electrónicos de forma segura o cuando una institución fortalece sus mecanismos de prevención y protección, el beneficio permanece mucho después del último partido.
México tiene ante sí una oportunidad única. El Mundial 2026 no solo pondrá a prueba nuestra capacidad organizativa, sino también la fortaleza de nuestro sistema financiero. Si logramos convertir este momento en un impulso para la inclusión, la innovación y la integridad financiera, el legado del torneo podrá extenderse mucho más allá de los estadios.
Por: Soraya Pérez
