La indignación por la crisis habitacional en España se intensificó tras el fallecimiento de Maricarmen Abascal, de 87 años, quien había sido desalojada el pasado 23 de septiembre de la vivienda en Madrid donde pasó más de siete décadas de su vida.
Su caso se convirtió en símbolo de las protestas contra el encarecimiento de los alquileres y los desalojos. Aunque posteriormente se alcanzó un acuerdo para que pudiera regresar a su hogar, la mujer falleció antes de hacerlo, lo que provocó nuevas manifestaciones y homenajes en distintas ciudades españolas.

Protestas se extienden por varias ciudades
En Madrid, integrantes del Sindicato de Inquilinas organizaron una marcha desde la Puerta del Sol hasta la antigua vivienda de Maricarmen. También realizaron un homenaje con velas, fotografías y mensajes en su memoria.
Las movilizaciones se extendieron a Barcelona, Sevilla, Málaga, Granada y Valencia, donde organizaciones sociales exigieron mayores garantías para los inquilinos y medidas que permitan evitar nuevos desalojos.
En medio de las protestas, más de un centenar de activistas consiguieron detener el desahucio de una familia con tres menores de edad en el distrito madrileño de San Blas-Canillejas.
Crisis de vivienda genera presión política
El caso de Maricarmen también intensificó las exigencias de organizaciones que reclaman alquileres más accesibles, protección para familias vulnerables y restricciones a determinadas prácticas de inversión inmobiliaria.
Las protestas se producen en un contexto de debate sobre medidas gubernamentales para atender la crisis de vivienda, entre ellas la suspensión de desalojos de personas vulnerables y la ampliación de contratos de alquiler.
Los colectivos mantienen nuevas movilizaciones y contemplan una huelga general para el 11 de noviembre, mientras recuerdan el llamado que Maricarmen hizo antes de fallecer: “Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro”.
JCSC
