A 81 años del bombardeo atómico de Nagasaki, el alcalde de la ciudad, Shiro Suzuki, pidió al gobierno japonés mantener su compromiso con una política libre de armas nucleares y advirtió sobre los riesgos de confiar en la disuasión nuclear.
Durante la ceremonia conmemorativa celebrada este domingo en el Parque de la Paz, Suzuki calificó las armas nucleares como un “mal absoluto” y señaló que la experiencia de Hiroshima y Nagasaki demuestra las consecuencias que puede tener su utilización. También llamó a los países que poseen este tipo de armamento, así como a quienes dependen de su protección, a reducir su dependencia de la disuasión nuclear.
El llamado ocurre mientras el gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi revisa la política de defensa de Japón con el objetivo de ampliar sus capacidades militares. Esta situación ha generado preocupación entre los sobrevivientes de los bombardeos, debido a las especulaciones sobre una eventual flexibilización de los principios no nucleares del país.
Suzuki instó a Tokio a respetar la Constitución pacifista, mantener los tres principios que prohíben poseer, producir o introducir armas nucleares y participar en los esfuerzos internacionales para avanzar hacia su eliminación.
La ceremonia reunió a representantes de más de 90 países. A las 11:02 horas, momento exacto en que el 9 de agosto de 1945 fue lanzada sobre Nagasaki la bomba de plutonio conocida como “Fat Man”, los asistentes guardaron un minuto de silencio.
El ataque dejó unas 70 mil personas muertas para finales de 1945. Tres días antes, el bombardeo de Hiroshima había provocado alrededor de 140 mil muertes. Japón anunció su rendición el 15 de agosto de ese año, poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial.
Mientras tanto, los hibakusha —sobrevivientes de los ataques atómicos— han cuestionado la postura del gobierno japonés y han protagonizado protestas ante el temor de que se debilite la política no nuclear.
Actualmente quedan 91,105 sobrevivientes registrados, aproximadamente una cuarta parte de la cifra original, con una edad promedio superior a los 86 años. Su avanzada edad aumenta la preocupación de que, con su desaparición, también se pierdan testimonios directos sobre los bombardeos y sus consecuencias.
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FFO
