El Segundo Simulacro Nacional 2026 pondrá a prueba la capacidad de reacción de la población ante diferentes escenarios sísmicos, incluido uno hipotético de magnitud 7.7 con epicentro en Tehuacán, Puebla, que contempla afectaciones en 14 entidades.
Pero más allá del ejercicio, el jefe del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM, Carlos Valdés González, lanzó una advertencia: ante un sismo cercano, esperar la alerta para decidir qué hacer podría dejar muy poco tiempo para reaccionar.
¿Cuánto tiempo habría para reaccionar?
En un escenario como el planteado para el simulacro, una persona en la Ciudad de México podría recibir entre cinco y 10 segundos de aviso antes de que lleguen las ondas sísmicas.
Por ello, Valdés señaló que la población no debería depender de la alerta para decidir cómo actuar.
La recomendación es tener identificado desde antes un sitio seguro dentro de la vivienda, escuela o centro de trabajo y dirigirse hacia él desde el primer movimiento.
“Empieza a moverse, yo siento el movimiento y no dudar que se trata de un sismo”, explicó el especialista.

¿Evacuar siempre es la mejor opción?
No necesariamente. De acuerdo con Valdés, cuando el epicentro está cerca, el tiempo entre la alerta y la llegada de las ondas puede ser tan reducido que intentar salir de un edificio podría representar un riesgo.
En esos casos, la indicación es replegarse hacia un lugar previamente identificado que cuente con elementos estructurales capaces de brindar protección, como columnas, trabes y muros sólidos.
La clave, insistió, es conocer ese sitio antes de que ocurra el movimiento y no esperar a que alguien más confirme que está temblando.
¿Qué tan rápido viajan las ondas sísmicas?
La alerta funciona porque las ondas sísmicas no viajan todas a la misma velocidad. Valdés explicó que las ondas P pueden alcanzar hasta seis kilómetros por segundo, mientras que las ondas S avanzan aproximadamente a tres kilómetros por segundo.
Por eso, entre más cerca esté una persona del epicentro, menor será el tiempo disponible para reaccionar.
México cuenta con una amplia red de monitoreo. El Servicio Sismológico Nacional recibe señales de más de 100 estaciones y durante 2025 registró alrededor de 39 mil 500 sismos, unos 110 por día en promedio.
La mayoría no son perceptibles, pero forman parte de la actividad sísmica habitual del país.
El especialista también descartó que septiembre sea una temporada particularmente sísmica.
Los terremotos del 19 de septiembre de 1985 y 2017 han reforzado esa percepción, pero los registros históricos no muestran una concentración especial de grandes sismos durante este mes.
Desde 1900 se han registrado cerca de 160 sismos de magnitud superior a 7 en México y, según los datos citados por Valdés, septiembre ni siquiera es el mes con mayor frecuencia; diciembre concentra más casos.
La conclusión del investigador es sencilla: un sismo puede ocurrir cualquier día, por lo que la preparación no debe limitarse al simulacro ni a septiembre.
¿Para qué sirve entonces el simulacro?
El ejercicio busca practicar la respuesta ante distintos escenarios, tanto cuando existe un aviso previo como cuando el movimiento comienza sin que haya tiempo suficiente para recibir una alerta.
La principal recomendación es tener definido de antemano dónde protegerse y cómo actuar, en lugar de esperar a que suene la alerta o a que otra persona confirme que está temblando.
JCSC
