Durante mucho tiempo, el ejercicio físico fue promovido como una herramienta para alcanzar «el cuerpo ideal». Sin embargo, una nueva narrativa está tomando fuerza: moverse no solo transforma el cuerpo, también cura el alma.
Desde disciplinas como el yoga y el pilates, hasta caminatas conscientes y entrenamientos funcionales al aire libre, el ejercicio se ha convertido en una terapia cotidiana para miles de personas que buscan regular sus emociones y reconectarse con su cuerpo desde la aceptación.
“Cuando me siento ansiosa, salgo a correr, aunque sea solo por 15 minutos. Me cambia el ánimo por completo”, dice Claudia, una joven de 28 años que enfrentó depresión durante la pandemia. Como ella, millones han encontrado en el movimiento una vía de escape, pero también de reconstrucción.
La ciencia lo respalda. Según la Asociación Americana de Psicología, tan solo 30 minutos de actividad física moderada al día pueden reducir significativamente los niveles de ansiedad y mejorar el estado de ánimo, al estimular la producción de endorfinas, dopamina y serotonina, neurotransmisores responsables de la felicidad y la motivación.
Hoy, los gimnasios tradicionales conviven con parques convertidos en estudios abiertos, aplicaciones de meditación con rutinas de estiramiento y sesiones de mindful running donde la atención plena se convierte en la guía.
La clave está en dejar de ver el ejercicio como castigo y comenzar a experimentarlo como un regalo: moverse no para cambiar quiénes somos, sino para habitar nuestro cuerpo con mayor presencia y gratitud.
TE PUEDE INTERESAR: Conoce la infusión que desinflama tu abdomen
KCQ

