Aunque suelen causar incomodidad o vergüenza, los gases intestinales forman parte natural del proceso digestivo. Una persona puede producir diariamente entre medio litro y dos litros de gas y expulsarlo alrededor de 14 veces mediante eructos o flatulencias.
Gran parte de estos gases se origina por el aire que tragamos al comer y beber, así como por la fermentación que realizan las bacterias intestinales sobre alimentos que no fueron digeridos completamente.
Pero, ¿por qué algunos huelen tan mal? El característico olor a huevo podrido puede estar relacionado con compuestos que contienen azufre, especialmente el sulfuro de hidrógeno, producido durante la descomposición de determinados alimentos en el intestino.
La dieta juega un papel importante. Frijoles, lentejas, brócoli, coliflor, huevos, carnes y algunos productos lácteos pueden incrementar la producción o modificar el olor de las flatulencias en algunas personas.
También existen condiciones digestivas, como la intolerancia a la lactosa o el síndrome del intestino irritable, que pueden provocar mayor producción de gases y otros síntomas gastrointestinales.
Para disminuir las molestias puede ayudar comer lentamente, identificar los alimentos que desencadenan síntomas y aumentar gradualmente el consumo de fibra, además de mantener una adecuada hidratación.
Los gases por sí solos suelen ser normales; sin embargo, cuando se vuelven persistentes o aparecen acompañados de dolor intenso, diarrea, pérdida de peso o sangre en las heces, es recomendable acudir con un profesional de la salud para determinar la causa.
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